El dolor emocional en la endometriosis

3 mar 2020

Mujer mirando hacia el cielo con las manos sobre su cabeza
Mujer mirando hacia el cielo con las manos sobre su cabeza
Mujer mirando hacia el cielo con las manos sobre su cabeza

¿Cómo puedo sentirme bien si cada día hay algo que me recuerda que estoy mal, mi vida entera se paraliza por este dolor de m*****?

Si sufres de dolor crónico (dolor prolongado y persistente de al menos 3 meses de duración), puede que te sientas muy identificada con estas palabras, las dijo mi paciente Leticia, una mujer de 29 años diagnosticada con endometriosis desde hace 6, quien para ese momento había pasado por varios tratamientos y una intervención quirúrgica.

Las mujeres con endometriosis experimentan muchos tipos de dolor:

  • Dolor pélvico crónico

  • Dolor menstrual severo (dismenorrea)

  • Dolor pélvico con el coito (dispareunia)

  • Dolor pélvico con la defecación (disquecia)

Y a estos se les agrega otro tipo de dolor, que incluso puede ser más intenso: el dolor emocional o psicológico por las consecuencias de la enfermedad:infertilidad, soledad, incomprensión, invalidación, pérdida de la vitalidad, relación de pareja deteriorada, calidad de vida disminuida, aislamiento social, desempleo, etc.

Hoy quisiera hablarte del abordaje psicológico del dolor emocional, ¿Qué hacer con estas emociones y experiencias? ¿Qué herramientas tienes para superar este proceso?

Comencemos por el principio, un principio desgraciado e injusto para todas las mujeres: la normalización del dolor físico.

El dolor físico universalmente no solo tiene una importancia secundaria, pues aparece asociado a una patología (esta es la que se reconoce como grave y por ende recibe mayor atención), también está la creencia de que el dolor físico es parte de ser mujer, es visto como algo normal, el “requisito” de cada mes, algo que nos pasa a todas, etc., entonces si una mujer se paraliza por dolor y detiene sus actividades diarias porque no puede más, puede ser considerada exagerada, mentirosa o débil.

La endometriosis es una condición invisible, es muy dificil para el otro entender cómo es que “si luces tan bien, tan saludable” tienes un dolor que no te permite ni moverte.

Lo que menos necesitas en un proceso de dolor crónico es que se niegue tu dolor físico y emocional, que se te invalide, necesitas por el contrario empatía, compañía, cariño, amor, saberte sostenida en un entorno seguro y esto al principio puede ser muy dificil de conseguir, pues tanto tú como tu entorno inmediato necesitan pasar por este proceso de entender qué es lo que está sucediendo.

Así que si alguna recomendación puedo darte es que te acompañes, busca ayuda psicológica, preocúpate por tu bienestar físico, sigue tu tratamiento, pero no dejes de lado tu dolor emocional, busca alivio en un espacio en el que puedas procesar todas estas emociones y sanar.

Atrás quedó el abordaje tradicional del dolor físico; múltiples estudios recientes dan cuenta de la efectividad del abordaje BioPsicoSocial del dolor, esto lo que nos dice es que el dolor no solo debe ser tratado desde la perspectiva médica, también debe ser tratado desde su impacto psicológico y social en la mujer que lo siente.

En terapia aprendes herramientas para disminuir y afrontar el dolor físico, trabajamos ese dolor emocional del que poco se habla y además trabajamos en:


1) ACEPTAR

Aceptar el dolor va de la mano con aceptar la enfermedad y esto no pasará de la noche a la mañana, al contrario es el resultado de un proceso de duración variable (depende de tu individualidad), este proceso se llama duelo, el duelo ocurre cuando experimentamos una pérdida, en el caso de la endometriosis no solo es la pérdida de la salud, también son las consecuencias que la acompañan.

Hay una gran diferencia entre aceptar y resignarte. Siempre que hablo de este tema en terapia es controversial: “¿pero cómo voy a aceptar algo que me hace sufrir?”

Aceptar está relacionado con permitirte vivir la situación que te ha tocado vivir, asumir tu realidad, abrazarla y trabajar con lo que tienes, poder reconocer tus recursos y accionar con estos.

Cuando te resignas estás continuamente juzgando tu situación y a ti misma, culpabilizándote, anticipando las experiencias y pensamientos negativos.

En la terapia nos enfocamos en aceptar ese dolor, como parte de la condición que en este momento estás viviendo. Como ves, hablamos de aceptar el dolor, no de aceptar el sufrimiento.

El dolor y el sufrimiento son distintos. El dolor emocional es inherente a la experiencia de pérdida, algo inevitable, el sufrimiento sin embargo surge cuando nos resistimos a ese dolor.

Cuando nos ubicamos ante la enfermedad desde el sufrimiento no vemos salida posible, nos quedamos atrapadas en la angustia, en la incapacidad de percibirnos con recursos para superar la enfermedad y esto a su vez nos causa más daño, es un ciclo perverso que parece no terminar.


2) TENER TU TRIBU

El dolor físico te aísla y nada peor para tu salud mental que el aislamiento prolongado.

Es posible que evites ciertas actividades, que por el dolor tengas que guardar reposo o que por querer evitar el juicio y la incomprensión de los demás, no quieras salir de tu casa.

En terapia aprendes la importancia de la tribu para sentirte sostenida y acompañada.

Aprendes a comunicar tus necesidades y la importancia de los límites en tu entorno más inmediato: pareja, hijos, familia y amigos más cercanos. Esto no solo te facilita la aceptación de tu proceso sino que también le ayuda a tu red de apoyo a comprender qué es lo que te sucede y cuál es la mejor manera de apoyarte.

Varios son los estudios que afirman la efectividad de ser escuchada y escuchar a mujeres con experiencias similares a la tuya, darte cuenta que no eres la única viviendo con las consecuencias de la enfermedad puede aliviarte y facilitarte la aceptación.


3) HACER A PESAR DEL DOLOR

En la terapia logras comprender que es posible hacer a pesar del dolor, a aceptar que si bien el dolor puede ser desagradable, no es necesario suspender tu vida para disminuirlo.

Estudios han demostrado que si bien el dolor puede ser incapacitante, las creencias, pensamientos y guiones mentales que se activan al experimentar el dolor, pueden ser todavía más incapacitantes, porque distorsionar tu percepción del dolor físico y emocional.

Si bien el dolor duele, es la lucha con el dolor lo que causa sufrimiento y este sufrimiento nos lleva a evitar aún más el dolor y a la incapacidad de movernos en direcciones valiosas.


4) RESIGNIFICAR LA ENFERMEDAD:

El punto más avanzado de la terapia, pero el más satisfactorio y reconfortante, que te conecta con esa increíble capacidad de resiliencia que tenemos los serenes humanos y que solo puede venir precedida de la aceptación y el compromiso genuino contigo misma y tu bienestar.

Esta etapa es diferente para cada una, porque ese nuevo significado a la enfermedad lo construyes tú, con tus experiencias, vivencias, significados, emociones, etc.

En la resignificación puedes incluso encontrarte con partes de ti misma que hasta el momento desconocías, con una fortaleza interna que te impulsa a continuar tu camino y transformarte.

Aprendamos esta gran frase de Buda “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, aceptar el dolor como parte natural de la vida, te permite dejar de sufrir, aprender y transformarte.

Te espero en el próximo artículo.

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